El dilema de Montag

Montag sintió que su cuerpo se dividía en calor y frialdad, en suavidad y dureza, en temblor y firmeza, ambas mitades se fundían la una contra la otra. —Será mejor que acudas a tu cita —dijo, por fin. Y ella se alejó corriendo y le dejó plantado allí, bajo la lluvia. Montag tardó un buen rato en moverse. Y luego, muy lentamente, sin dejar de andar, levantó el rostro hacia la lluvia, sólo por un momento, y abrió la boca...

 

Autor de la imagen: Aureliano Julián Acevedo